Un perito judicial tributario es el profesional con conocimientos especializados en materia fiscal y contable que emite un dictamen técnico para ayudar a un tribunal, a un órgano de revisión o a una parte a comprender y valorar cuestiones que exceden del conocimiento jurídico general. Para elegirlo bien conviene fijarse en su cualificación acreditada, en su experiencia real en procedimientos como el tuyo, en su independencia y en la claridad con la que explica qué va a hacer y qué no.
Para quienes gestionan su fiscalidad a distancia, con un asesor en remoto y poca presencia física en los trámites, la figura del perito puede resultar lejana. Este artículo explica con lenguaje claro qué hace, cuándo interviene y qué criterios sirven para escoger a la persona adecuada sin dejarse llevar por la publicidad.
Qué hace un perito judicial tributario
La función esencial del perito es aportar conocimiento técnico. No decide el pleito ni sustituye al abogado; analiza hechos, cifras y documentos, aplica una metodología y expone conclusiones motivadas. La Ley de Enjuiciamiento Civil regula esta prueba en los artículos 335 a 352 y exige que el perito manifieste, bajo juramento o promesa, que actuará con la mayor objetividad posible, tomando en consideración tanto lo que pueda favorecer como lo que pueda perjudicar a cualquiera de las partes.
En el terreno tributario, sus trabajos más habituales son:
- Valorar empresas, participaciones, inmuebles u otros activos cuando el valor es el centro de la discusión.
- Reconstruir la realidad económica de una operación cuestionada por la Administración.
- Cuantificar el efecto de una regularización, de unos intereses o de una sanción.
- Revisar la metodología empleada por otros peritos, incluidos los de la propia Administración.
- Explicar ante el tribunal, de forma comprensible, los aspectos técnicos del caso.
Perito judicial no es sinónimo de funcionario ni de árbitro
Es frecuente la confusión. El perito no forma parte de la Administración ni del tribunal: es un profesional que colabora con la justicia aportando conocimiento. Puede actuar a propuesta de una parte, o ser designado por el juzgado cuando la ley lo prevé o cuando se solicita. En ambos casos su deber de objetividad es el mismo, y su dictamen será valorado por el tribunal conforme a las reglas de la sana crítica. Por eso conviene desconfiar de quien promete un resultado concreto: un perito serio promete rigor, no victorias.
Cuándo conviene recurrir a uno
Hay momentos claros en los que su intervención aporta valor. El más conocido es el contencioso, donde la prueba pericial judicial permite introducir con garantías cuestiones técnicas que de otro modo quedarían como afirmaciones de parte. Pero no es el único escenario. También es útil en fase de inspección, cuando se prepara un recurso económico-administrativo, o antes de una operación societaria, para documentar valores y reducir el riesgo de discrepancias futuras.
Una señal práctica es la siguiente: si el núcleo de la discusión depende de un número, de un método de cálculo o de una circunstancia económica que hay que demostrar, probablemente haga falta una pericia. Si depende solo de cómo se interpreta una norma, el peso estará en el análisis jurídico.
Criterios para elegir perito
Cualificación acreditada
La Ley de Enjuiciamiento Civil exige titulación oficial en la materia cuando esta la tiene, y en otros casos personas entendidas. Pide el currículo, comprueba la formación y la pertenencia a colegios u organizaciones profesionales, y valora que la experiencia sea específicamente tributaria y no solo contable general.
Experiencia en procedimientos reales
Un buen perito conoce los procedimientos, los plazos y la forma en que se valoran los informes. Pregunta con qué frecuencia ha intervenido en asuntos similares, si ha ratificado informes ante tribunales y cómo gestiona las preguntas de la parte contraria. No se trata de exigir un historial de éxitos, sino de comprobar familiaridad con el terreno.
Independencia y ausencia de conflictos
El perito debe informar de cualquier circunstancia que pueda comprometer su imparcialidad. Si ya ha asesorado a la contraparte, mantiene vínculos con ella o tiene un interés directo en el resultado, su informe podría ser cuestionado. Pide que se declaren expresamente estas circunstancias.
Claridad en el alcance y en los honorarios
Antes de empezar, debería quedar por escrito el objeto del encargo, la documentación que se necesita, el plazo estimado y los honorarios. Los presupuestos vagos suelen dar problemas más adelante. Si quieres orientarte sobre cómo suelen estructurarse, puedes revisar cómo se presenta la información sobre honorarios de un servicio pericial.
Capacidad de explicar con sencillez
El informe y la declaración oral deben ser comprensibles para quien no es experto. Un perito que explica bien lo complejo es más útil que uno que lo oculta tras tecnicismos. Una buena prueba consiste en pedirle que te resuma en cinco líneas qué va a analizar y cómo.
Cómo trabaja un perito, paso a paso
- Entendimiento del caso. Revisa la documentación inicial y delimita las preguntas a las que debe responder.
- Viabilidad. Indica con franqueza si el análisis puede aportar valor o si el caso se decide en otro plano.
- Recopilación de datos. Solicita contabilidad, contratos, declaraciones, comparables y cualquier otro soporte necesario.
- Análisis y cálculo. Aplica la metodología elegida y documenta cada paso.
- Informe. Redacta el dictamen con una estructura que permita reproducir el razonamiento.
- Ratificación y aclaraciones. Si procede, comparece para ratificar el informe y responder a las preguntas en el acto de juicio o vista.
Conocer este recorrido ayuda a planificar los tiempos. El informe no se improvisa, y la fase de recopilación de documentos suele ser la que más retrasa el proceso cuando no se prepara con antelación. En la explicación del informe pericial se detalla con más profundidad cómo se estructura y qué lo hace útil como prueba.
Errores frecuentes al contratar
- Dejarlo para el final. Contratar al perito cuando el plazo está a punto de vencer reduce la calidad del análisis y limita las opciones.
- Esperar que opine lo que se quiere oír. El perito debe ser objetivo; si el análisis no favorece la tesis inicial, es mejor saberlo cuanto antes.
- Aportar información incompleta. Un informe es tan sólido como los datos que lo sustentan.
- Elegir solo por precio. Un informe barato pero débil puede salir mucho más caro si no resiste la contradicción.
Coordinación con el equipo jurídico
El perito trabaja mejor cuando está coordinado con el abogado o asesor que lleva el asunto. Este último define la estrategia y las preguntas; el perito aporta la parte técnica. Si ya cuentas con una asesoría legal y fiscal de confianza, lo razonable es que ambos hablen desde el principio, de manera que el informe responda exactamente a lo que el procedimiento necesita y se incorpore en el momento oportuno.
Si aún no has decidido cómo plantear una eventual inspección, puede ayudarte leer la guía práctica sobre cómo actuar ante una inspección de Hacienda, que muestra los pasos básicos desde el primer requerimiento y sirve para ver en qué fase puede entrar la pericia.
Preguntas frecuentes
¿Cualquier economista o contable puede ser perito judicial?
Para que su informe tenga fuerza probatoria debe contar con la cualificación adecuada en la materia y actuar con objetividad. La titulación y la experiencia específica pesan mucho a la hora de valorar el dictamen.
¿Tiene que acudir el perito al juicio?
Puede ser citado para ratificar el informe y aclarar su contenido ante el tribunal. Esa comparecencia es una oportunidad de reforzar la credibilidad del análisis, siempre que el profesional esté preparado y conozca bien el caso.
¿El informe del perito es vinculante para el juez?
No. El tribunal lo valora conforme a las reglas de la sana crítica, junto con el resto de pruebas. Un informe bien fundamentado y coherente tiene más posibilidades de ser tenido en cuenta.
¿Puedo contratar un perito si el procedimiento es solo administrativo?
Sí. El informe puede aportarse en vía administrativa para respaldar alegaciones o recursos, y después reutilizarse, con las adaptaciones necesarias, si el asunto llega a los tribunales.
Conclusión
Elegir un perito judicial tributario es una decisión que merece el mismo cuidado que elegir a un abogado. La cualificación, la experiencia concreta, la independencia y la transparencia en el alcance y en los honorarios son los cuatro filtros más útiles. Con un profesional así y una documentación ordenada, el contribuyente dispone de un instrumento de defensa técnica sólido y respaldado por la ley.
Luis Miguel Larriba, perito judicial acreditado

